Eran otros tiempos, decía el ojo de hojas anchas, del álamo de tu rostro. Eran otros tiempos; y bebías sutilmente, casi de cumplido de la vida, así derramada. Eran tiempos, otros inviernos, otras trampas. Las voces de la luna acariciaban las ramas de tus cabellos, y después... golpeaban tu cráneo así justificado por la historia. Eran otros tiempos, y las hojas del tímido álamo desprendido -de los rígidos años- eran más anchas, más aún que tu pecho inflamado por las noches del pasado.
|
Nuk ka komente:
Posto një koment